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Los procesos de enseñanza y de aprendizaje en la Universidad son complejos e interesantes para el debate. En muchos casos, son objeto de análisis para cursos de formación docente, ateneos, congresos e innumerables espacios académicos.

Sin embargo, podemos preguntarnos qué cosas no puede garantizar la enseñanza como proceso de acción o tarea docente en la Universidad, a grandes rasgos. Sin ánimos de desmotivar la tarea, preguntarse es un ejercicio muy útil para comprender las demandas de los tiempos actuales.

El concepto de enseñanza es amplio y específico al mismo tiempo. Es una práctica social que por sus características promueve una donación generosa en torno a la verdad y el conocimiento o experiencias.

Pueden encontrarse varias definiciones del término. Tal como lo menciona Feldman (2010), existe una definición muy sencilla de enseñar: tiene que ver con permitirle a dos personas saber lo que al principio sabía una sola –que es como definen Edwards y Mercer (1988) “compartir conocimiento”–. Sin embargo, la definición no dice absolutamente nada acerca de qué hay que hacer para que finalmente ambas personas tengan lo que al principio tenía uno. Solamente dice: “hacer algo”.

En definitiva, el proceso de enseñanza, no garantiza los aprendizajes aún cuando exige, desde su definición, una acción por parte del que transmite el conocimiento. Esta afirmación puede resultar muy dura para muchos profesionales y docentes en la Universidad que dedican esfuerzo y tiempo dentro y fuera del aula en esta tarea.

Por otro lado, no hay una única manera de enseñar. Existen diferentes estilos que ponen el  acento en cuestiones particulares de la relación docente-estudiante para lograr resultados significativos en la comprensión y formación de las personas.

Aún así, me atrevería a decir que el valor de la formación docente es promover en la tarea diaria y generosa actitudes no académicas que tienen que ver con la confianza en el conocimiento pero, sobre todo en (Samy A Azer: 2005):

  •  la capacidad de los estudiantes como futuros colegas
  • la confianza en los pequeños logros de cada estudiante en particular
  •  la prontitud de la retroalimentación
  • la observación cuidadosa y periférica de las discusiones grupales
  • la habilidades de comunicación
  • la motivación y el entusiasmo
  • el trabajo estratégico dentro y fuera del aula

¿Por qué prestar atención a estas cualidades que son justamente no académicas? Se puede decir que son un modo particular de garantizar que el “haber hecho algo” sea lo indispensable para que el estudiante pueda comprender lo que necesita, y lograr que su formación personal y profesional sea duradera en el tiempo.

La enseñanza garantiza aprendizajes en la medida que estos últimos, por medio de la retroalimentación y la observación, confirmen el deseo de enseñar en los docentes Universitarios.

Lic. Ma. del Carmen Teijeiro

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